Querida tía
Cuca:
Te has ido en
silencio, discreta, elegante, como siempre ha sido tu talante. Decías divertida
que hasta los cien. Y así se ha hecho. Apurando en estos dos últimos años, has
ido soltando muy poco a poco, siguiendo tu energía Tauro, aferrada a la tierra,
primero tu movilidad, los sentidos de la vista y el oído...Y a la vez perdiendo
el interés por las grandes aficiones que te hicieron tan feliz hasta entonces.
Labores y lectura se alejaban de tu realidad.
Pero incluso
en esta etapa me asombraba tu capacidad para iluminar tu rostro ante la presencia
de Elea, nuestra nieta. Los niños y las niñas siempre hemos querido estar cerca
de ti, juego y risas, sorpresa y sustos divertidos estaban asegurados. Quisiste
ser maestra porque te gustaba pintar y te imaginabas enseñando a los peques a
hacer dibujos. Y te diré algo…
¡Has sido una
gran maestra! Maestra de la vida.
Nos animaste
a caminar sin asidero, nos sujetaste con esfuerzo y paciencia para aprender a montar en bici, a guardar el equilibrio, allá en Robledo, carretera muerta arriba y abajo sin
desfallecer. Nos enseñaste a cuidarnos,
cuidándonos las heridas de las inevitables caídas que la adaptación al mundo
conlleva. Nos enseñaste a engalanarnos, a ir guapas y guapos por la vida
¡faltaría más! También nos dabas la comida de bebés, nos bañabas, y lo que
hiciera falta; siempre estabas al quite para ayudar a mamá. Una vez leí que le
escribiste algo como: “Gracias por haberme permitido compartir a tus hijos”
¡Qué alma grande eres!
Generosa, sí,
desde el principio al fin. Acompañaste como lo hace una niña, a tu hermana Pili en su enfermedad,
cuidaste a tu madre, la abuela Carmen, largo tiempo, incluso sacrificando tu
vida de juventud, los primeros amores, la diversión con las amigas y amigos,
esa que añorabas como una parte no vivida de tu vida. Pero ahí estaba “cabeza
dura”, como te llamaba tu padre, quizá expresando el dolor por una hija fuerte
y vulnerable a la vez. También, claro, por ser de Aragón…Ya me entiendes. Y
cuando murió la abuela, ese año de 1959, tan significativo en nuestra familia,
lleno de ritos de paso, como mi comunión, la boda de la tía Mari y el
nacimiento de Cris, entonces tú también cambiaste de vida.
Te liberaste
de ataduras, pero seguiste dándote a sobrinos y sobrinas, ayudando a tus
hermanas en todo.
Vestidos
maravillosos, jerseys calentitos, calcetines, patucos, braguitas de ganchillo, faldones,
arrullos, mantitas, pololos, gorritos, petos, puntillas, mantelerías, colchas,
stores, cortinas, colchas, cojines, marcapáginas…Interminable lista de tus obras. También
obras de arte, por suerte expuestas en galerías de prestigio, de la mano de tu
ahijada Cristina, unida especialmente a ti desde la cuna. Y todos también
unidos por la gran “marca de moda” familiar que tú creaste y que se llama AMOR.
Fuimos
creciendo, admirando tu belleza, tu elegancia y tu libertad. Trabajadora
atenta, responsable, eficaz y confiable, amaste tu trabajo en el laboratorio y
lo hiciste con esmero, como todo lo que hacías. Tuviste reconocimiento y honores por parte de tus jefes que supieron
valorar tus cualidades. También allí hiciste buenas amigas. Me daba mucha
alegría siempre que lo recordábamos juntas. Me mirabas entre modesta y
orgullosa cuando te decía: “Es que lo has hecho muy bien, Cuca”. Y ahora
añadiré: “Porque has puesto el corazón en todo lo que hiciste”. Menos cocinar,
todo perfecto. Je, je.
Te llegó el
momento de vivir el amor con un hombre bueno, Enrique se llamaba. Juntos nos
enseñasteis que nunca es tarde para recuperar la juventud y disfrutar de la
vida. Como dos enamorados viajabais, soñabais, haciendo del día a día una
fiesta. Con 62 años te casaste y un día me confesaste que bailabas para él ¡¿No
es maravilloso?! También a él le cuidaste hasta su final. Cuidadora por
siempre.
Imposible
olvidar nuestro viaje al mar de Valencia pasados tus noventa, un viaje de
chicas, con Cris, Bego, Merce, Jana y Elea en su vientre. Caminar por la playa,
mojarte los pies, contemplar el Mediterráneo con sus luces, saborear un helado
de turrón…¡Cuantas pequeñas cosas hemos disfrutado contigo!
Por todo
ello, Cuquita querida, mi gratitud inmensa ¡Has sido tan importante en mi vida!
Siempre te he sentido cerca, a pesar de los kilómetros que a veces había entre
nuestras casas. Aceptaste ser madrina de Jana, todo un privilegio para ella y
para nuestra pequeña familia a la que fuiste incorporada nada más crearse. Allá
donde la vida nos llevara venías a vernos. Siempre que te hemos necesitado has
estado ahí. Gracias, gracias, gracias.
Sí, gracias
por estar siempre ahí, con tu candor y tu pureza de corazón. Ocupaste tu lugar
con dignidad y sencillez. No es nada fácil, pero es que tú siempre has sido una
maestra.
Honro tu vida
y tu destino. Sé que ya estás en la Luz más elevada, humilde y preciosa tía
Cuca.
Con todo mi
amor para siempre,
Mamen
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