lunes, 15 de junio de 2020

HOMENAJE A LA TÍA CUCA



Querida tía Cuca:

Te has ido en silencio, discreta, elegante, como siempre ha sido tu talante. Decías divertida que hasta los cien. Y así se ha hecho. Apurando en estos dos últimos años, has ido soltando muy poco a poco, siguiendo tu energía Tauro, aferrada a la tierra, primero tu movilidad, los sentidos de la vista y el oído...Y a la vez perdiendo el interés por las grandes aficiones que te hicieron tan feliz hasta entonces. Labores y lectura se alejaban de tu realidad.

Pero incluso en esta etapa me asombraba tu capacidad para iluminar tu rostro ante la presencia de Elea, nuestra nieta. Los niños y las niñas siempre hemos querido estar cerca de ti, juego y risas, sorpresa y sustos divertidos estaban asegurados. Quisiste ser maestra porque te gustaba pintar y te imaginabas enseñando a los peques a hacer dibujos. Y te diré algo…
¡Has sido una gran maestra! Maestra de la vida.

Nos animaste a caminar sin asidero, nos sujetaste con esfuerzo y paciencia para aprender a montar en bici, a guardar el equilibrio, allá en Robledo, carretera muerta arriba y abajo sin desfallecer. Nos enseñaste a cuidarnos, cuidándonos las heridas de las inevitables caídas que la adaptación al mundo conlleva. Nos enseñaste a engalanarnos, a ir guapas y guapos por la vida ¡faltaría más! También nos dabas la comida de bebés, nos bañabas, y lo que hiciera falta; siempre estabas al quite para ayudar a mamá. Una vez leí que le escribiste algo como: “Gracias por haberme permitido compartir a tus hijos” ¡Qué alma grande eres!

Generosa, sí, desde el principio al fin. Acompañaste como lo hace una niña, a tu hermana Pili en su enfermedad, cuidaste a tu madre, la abuela Carmen, largo tiempo, incluso sacrificando tu vida de juventud, los primeros amores, la diversión con las amigas y amigos, esa que añorabas como una parte no vivida de tu vida. Pero ahí estaba “cabeza dura”, como te llamaba tu padre, quizá expresando el dolor por una hija fuerte y vulnerable a la vez. También, claro, por ser de Aragón…Ya me entiendes. Y cuando murió la abuela, ese año de 1959, tan significativo en nuestra familia, lleno de ritos de paso, como mi comunión, la boda de la tía Mari y el nacimiento de Cris, entonces tú también cambiaste de vida.

Te liberaste de ataduras, pero seguiste dándote a sobrinos y sobrinas, ayudando a tus hermanas en todo.
Vestidos maravillosos, jerseys calentitos, calcetines, patucos, braguitas de ganchillo, faldones, arrullos, mantitas, pololos, gorritos, petos, puntillas, mantelerías, colchas, stores, cortinas, colchas, cojines, marcapáginas…Interminable lista de tus obras. También obras de arte, por suerte expuestas en galerías de prestigio, de la mano de tu ahijada Cristina, unida especialmente a ti desde la cuna. Y todos también unidos por la gran “marca de moda” familiar que tú creaste y que se llama AMOR.

Fuimos creciendo, admirando tu belleza, tu elegancia y tu libertad. Trabajadora atenta, responsable, eficaz y confiable, amaste tu trabajo en el laboratorio y lo hiciste con esmero, como todo lo que hacías. Tuviste reconocimiento y honores por parte de tus jefes que supieron valorar tus cualidades. También allí hiciste buenas amigas. Me daba mucha alegría siempre que lo recordábamos juntas. Me mirabas entre modesta y orgullosa cuando te decía: “Es que lo has hecho muy bien, Cuca”. Y ahora añadiré: “Porque has puesto el corazón en todo lo que hiciste”. Menos cocinar, todo perfecto. Je, je.

Te llegó el momento de vivir el amor con un hombre bueno, Enrique se llamaba. Juntos nos enseñasteis que nunca es tarde para recuperar la juventud y disfrutar de la vida. Como dos enamorados viajabais, soñabais, haciendo del día a día una fiesta. Con 62 años te casaste y un día me confesaste que bailabas para él ¡¿No es maravilloso?! También a él le cuidaste hasta su final. Cuidadora por siempre.

Imposible olvidar nuestro viaje al mar de Valencia pasados tus noventa, un viaje de chicas, con Cris, Bego, Merce, Jana y Elea en su vientre. Caminar por la playa, mojarte los pies, contemplar el Mediterráneo con sus luces, saborear un helado de turrón…¡Cuantas pequeñas cosas hemos disfrutado contigo!

Por todo ello, Cuquita querida, mi gratitud inmensa ¡Has sido tan importante en mi vida! Siempre te he sentido cerca, a pesar de los kilómetros que a veces había entre nuestras casas. Aceptaste ser madrina de Jana, todo un privilegio para ella y para nuestra pequeña familia a la que fuiste incorporada nada más crearse. Allá donde la vida nos llevara venías a vernos. Siempre que te hemos necesitado has estado ahí. Gracias, gracias, gracias.

Sí, gracias por estar siempre ahí, con tu candor y tu pureza de corazón. Ocupaste tu lugar con dignidad y sencillez. No es nada fácil, pero es que tú siempre has sido una maestra.

Honro tu vida y tu destino. Sé que ya estás en la Luz más elevada, humilde y preciosa tía Cuca.

Con todo mi amor para siempre,
Mamen





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