¿Qué es el miedo?
Según la psicología clásica occidental, el miedo es una emoción provocada por una serie de pensamientos amenazantes. Aquí, para simplificar, lo consideraremos como un proceso mental en el cual está involucrada
la imaginación. Nuestra mente es tan maravillosa que puede crear cualquier cosa
en la nube, con tanta precisión y detalle que llegamos a considerarlo como algo
real.
Cuanto más
entrenada está nuestra imaginación, puede crear “historias y películas” mejor
elaboradas para ser creíbles. Y si no tenemos igualmente entrenada la atención
y la observación de nuestra mente, nos dejamos llevar una y otra vez por su
fascinante atracción.
¿Por qué es tan importante entrenar la atención?
He experimentado en mí que es la única forma que tenemos de dirigir nuestra
imaginación, nuestro pensamiento y por tanto nuestra vida, de la manera en que
realmente queremos y no de cualquier manera. Es la mejor forma de hacernos
responsables de lo que queremos vivir y por tanto de ejercer nuestra libertad
ante los acontecimientos de la vida.
Estas son las dos premisas indispensables para
embarcarnos en una reflexión sobre lo que está ocurriendo tanto en el plano individual,
como en el colectivo, en estos momentos en este planeta.
¿Qué está ocurriendo?
A mi entender, lo que está ocurriendo es una invasión en las mentes de
los seres humanos a través de los medios de comunicación por parte de quien quiere
manejarlas (no sabemos quiénes son, ni nos importa) introduciendo “historias de
terror” en dosis y formas perfectamente diseñadas para que entre sin esfuerzo
en las personas que consumen las “noticias de actualidad”.
La prescripción parece ser: “Tres veces al día, como mínimo, usted
se pondrá frente al televisor o a su ordenador y tomará una media hora de "pandemia" con amplia información de muertes e infecciones, recomendaciones y
prohibiciones que le harán sentirse amenazad@ y quizá le provoque parálisis
general, ansiedad, impotencia, frustración, enfado, odio y sobre todo, miedo,
mucho miedo…”
Esa hora y media de noticias entra en nuestra mente con
total pasividad, incluso con la pretensión de estar informad@s.
Pero lo que en realidad está sucediendo es que ha entrado
la semilla del miedo. Y por pequeña que sea al principio, desde las pantallas se
va regando y abonando concienzudamente para que crezca y crezca en nuestra
imaginación, dando lugar a verdaderas historias de terror que nos secuestran la
razón, hasta dejar a la población sin voluntad, ni criterio propio para seguir
viviendo de forma autónoma y consciente.
El verdadero drama es que esas historias que crecen en
nuestras mentes no existen en realidad; son películas producidas por la
imaginación, pero las tomamos como reales y actuamos siguiendo el guión. Por
tanto, nuestras acciones y nuestros pensamientos que parten de ahí, ni son “nuestros”, ni
responden a la realidad.
¿Qué hacer?
Lo primero que parece sensato, es darse cuenta de esta situación que estamos
sufriendo.
Ser conscientes de la manipulación a la que estamos
siendo sometid@s, nos permitirá tomar las decisiones necesarias desde el lugar
de nuestro poder personal para dirigir la vida que queremos.
Hay algo en lo que nadie ni nada podrá entrar si no lo
permitimos y es nuestra fortaleza interior, nuestra capacidad de elegir lo que
pensamos y actuar en consecuencia.
Tener la determinación y la valentía de apagar la
pantalla que está vertiendo el veneno, nos hace más fuertes y nos permite poner
la atención en lo que queremos construir a partir de nuestra verdadera elección
libre y consciente.
¿Y después qué?
Tenemos por delante una gran tarea individual y
colectiva. Este periodo de confinamiento, que quizá tenía otros objetivos para
quienes lo han ido tejiendo, nos ha permitido darnos cuenta de cómo estábamos
viviendo, de cómo esa forma de vivir no nos beneficia ni a los humanos, ni al
resto de seres vivos ni al planeta que nos acoge. Quizá hayamos incluso llegado
a tomar decisiones encaminadas a cambiar ciertas costumbres, patrones e
inercias antiguas que ya no nos sirven.
Muchas personas nos hemos dado cuenta, porque lo hemos
experimentado, que ha llegado nuestro turno, la hora de los pueblos, como
pronosticó Mayor Zaragoza. Es nuestra responsabilidad situarnos en ese lugar de
poder interior y dar un enfoque más
humano, inclusivo y comunitario a nuestra forma de vivir en sociedad.
Teniendo en cuenta de donde partimos, en cada pueblo, en
cada barrio, cuales son las necesidades que tenemos y cómo entre tod@s podemos
cubrirlas de forma solidaria y justa para que la comunidad a la que
pertenecemos y que nos proporciona apoyo, se desarrolle de forma sostenible y
gozosa.
Utilicemos nuestra imaginación para crear el mundo que
queremos y no permitamos nunca más que el miedo entre en nuestra mente.
Depende de ti y de mí que así sea.
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