Hoy os propongo, queridos amigos, una reflexión que me
hago y que quiero compartir.
Desde que comenzó esta crisis del virus Covid-19, todos
los medios de comunicación se han dedicado a lanzar información a la población,
tan profusa y repetitiva como inútil. Sin embargo, podemos pensar que está en
su misma naturaleza y por tanto, no dejarán de hacerlo.
Por otra parte las redes sociales se han convertido en un
hervidero de noticias, bulos, recomendaciones y remedios de todo tipo.
Quizá es inevitable que eso ocurra. Lo que sé es que esa
avalancha no está bajo mi control.
Y aquí viene lo que planteo y que vengo haciendo desde el
principio de esta situación. No enciendo la televisión, no pongo la radio, no
entro en las redes sociales, me he salido de varios grupos de whatsapp y limito
los mensajes al mínimo. Curiosamente estoy enterada de las normas que van
decretando las autoridades y de algunas cosas más; también es inevitable.
En realidad todos esos datos sobre el número de personas
infectadas, las personas que han muerto, las comparativas con otros países o
entre comunidades, no aportan nada a nuestras vidas, si no es el morbo puro y
duro, repetido hasta la saciedad en cada boletín de noticias y en programas
especiales. Es miedo concentrado en las dosis más tóxicas.
Cada uno de nosotros, seres humanos que habitamos este
planeta, tenemos la capacidad de tomar decisiones. Y especialmente en momentos
como éste, lo que necesitamos es asumir la responsabilidad de vivir y de
mantenernos saludables, por nosotros mismos y por todos los que nos rodean.
Desde ese lugar, libremente he decidido tomarme en serio
esta responsabilidad que significa cuidar mi cuerpo físico con una alimentación
natural, respirar consciente el aire puro, mover el esqueleto; pero también
estar alerta y cuidar mis pensamientos; no dejar que entre basura en mi mente,
cuidar mis emociones y vivir lo que me toque con la mayor dignidad y serenidad
de que sea capaz; cuidar mi energía y no dejar que se escape por la pantalla
del móvil. Pongo mucho cuidado en esto mientras cuido de mi familia.
Básicamente, lo que este retiro del exterior me está
permitiendo, es tomar distancia y observar desde ese lugar en mí que respira y
escucha el silencio, lo que es real y lo que se mueve en el escenario de la
vida.
Cada día agradezco estar viva, respirar, sentir el amor
en mi pecho y saber que soy querida; agradezco la risa de mi nieta y el desvelo
de mis hijos; agradezco contar con vuestra amistad y sentir que ningún virus
podrá destruirla; agradezco que vuelvan a salir los brotes nuevos en las
plantas y que las flores estallen en mil colores; agradezco ver el filo de la
luna que empieza a crecer y el sol que escondido o visible, nos devuelve a la
vida cada mañana; agradezco los gestos de humanidad que surgen por todas
partes; las enormes ventajas de poder comunicarnos estando aislados; agradezco
que el aire se haya purificado y que las perdices se aventuren a pasear por el
camino.
Y vivo sin noticias pero con mucha abundancia alrededor.
Ésa que es real y disponible para todos.
Con todo mi amor,
Carmela
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