Hace diez años, inicié este blog con el título “Recuperar el Paraíso” porque en aquel momento, mi anhelo era recuperar el lugar donde había vivido y desarrollado un proyecto conjunto con Philippe, mi compañero, que parecía peligrar tras su muerte. Para mí era el mejor lugar en el mundo, un verdadero paraíso terrenal.
Quería recuperar el espacio y lo que significaba, porque
sentía que mi estancia en él todavía no había terminado.
Luché como siempre lo he hecho, con determinación y una gran
dosis de fe y confianza en la Vida. Eso significa que, por más obstáculos que
aparecieran, aunque a veces me desanimaba, seguía adelante. Sabía que todo lo
que estaba viviendo me traía aprendizajes valiosos y estaba decidida a no
perderme nada.
Después de cinco años, milagrosamente, todo se colocó
para que, contradiciendo toda lógica, recuperara la propiedad de la manera más
fácil y beneficiosa para mí.
Hay tal Inteligencia y Amor en Eso Innombrable que
impregna el fluir de la Vida, que cuando lo miro, me brotan lágrimas de
admiración, gratitud y reconocimiento, por el modo magistral en que se
despliegan los acontecimientos ante mi perplejidad.
En esta etapa he degustado la alegría de poder compartir
con familia, amigos y otros seres que se han ido acercando, la belleza, la paz
y la grandiosidad de este lugar único y maravilloso. Esta casa ha sido testigo
de tanta armonía, risas y amor, que cada rincón atesora esos momentos mágicos,
en los que el tiempo parece detenerse.
Cuando llegamos aquí, Philippe y yo estábamos de acuerdo
en que tomábamos con agradecimiento este fragmento de planeta para cuidarlo y
protegerlo, con humildad y responsabilidad, sabiendo que no nos pertenecía.
Todos los seres que habitan aquí, del reino animal,
vegetal, mineral, los elementales, duendes y demás parientes que nos acompañan
y ayudan, han sido los mejores anfitriones en estos años. Nos han aceptado y
acogido desde el principio, haciendo que nuestra estancia aquí haya sido dulce
y tranquila. No se puede pedir más!
En este momento, siento que la Vida me empuja a moverme.
Quizá ya he aprendido y vivido todo lo que este lugar tenía para mí. Y no sería
coherente con mi Verdad, el mirar para otro lado, acurrucarme en el sofá y
hacer como que no me entero. No puedo hacer eso!
Una vez más, siento que es hora de cerrar una etapa e iniciar otra nueva.
¿A tus 75 años,
Carmela? Sí, nunca me he guiado por ese parámetro; no me dice nada, la verdad.
Así que, aquí estoy. Haciendo las maletas otra vez y tomando el tren de la
Vida, aunque no sepa con certeza adonde me llevará.
Siempre he sentido la vida como una aventura y como tal,
sé que contiene incertidumbre, retos, descubrimientos y encuentros mágicos.
También requiere flexibilidad, apertura y valentía.
Abrirme a lo nuevo me llena de curiosidad, de ganas de aprender,
de alegría silenciosa...Y me vuelvo niña, segura de estar sostenida y cuidada
por lo más grande, El Amor con mayúsculas. Y desde ahí, puedo lanzarme por un
tobogán de sensaciones y caminos a explorar, universos desconocidos, en un mar
de infinitas posibilidades.
La aventura tiene un componente fundamental, sin el cual,
el viaje no se iniciaría. Es un anhelo profundo.
En este momento, en el que me asomo a la profundidad y el misterio de lo que soy, mi anhelo es poder disfrutar este viaje, continuar profundizando y permitirme sentir esa intimidad con el Ser, con el Amor, en cada momento del día. Degustar el silencio y la soledad, estar presente, compartir lo que vivo con otros seres, vivir en la Naturaleza…
En fin, lo que podríamos llamar "una vida contemplativa". Ese es mi anhelo
hoy.
¿Por qué no lo puedo hacer aquí, ahora?
Poco a poco, casi sin darnos cuenta, lo que era
simplemente una finca con una casa, ha ido creciendo y multiplicándose de
manera tan generosa como natural. Hemos generado una geometría tan compleja y
voluminosa, que la mayor parte de mi tiempo, energía y dinero, están dedicados
a sostener este proyecto.
Hasta ahora me ha compensado por el placer de vivir aquí,
por la posibilidad de recibir a familia y amistades, casi sin límites, por
poder compartir este espacio maravilloso con personas que de otra manera se lo
perderían, por tener la fuerza necesaria para atender a inquilinos y huéspedes
de los alojamientos con el mayor cuidado…
Así es como, tras veintidós años entregada a la tarea de
co-crear belleza, respetar a los seres que nos acompañan, abrir las puertas de
par en par y vivir feliz aquí, hoy me voy despidiendo de todo lo que ha
significado esta etapa de mi vida.
Hay duelo y temores, incertidumbre y muchos interrogantes
de mi ser pequeño. Pero sé, en el fondo de mi alma, que estoy sostenida y
cuidada por la Vida, porque soy parte de ella; porque Todo es Perfecto y porque
El Amor es mi esencia. Hay infinidad de paraísos por descubrir... Allá que
voy!
No hay comentarios:
Publicar un comentario