En abril cumplí los 70 y acababa de cerrar, con la compra de mi casa, la última etapa vivida
¿Y ahora, qué? Pensaba. Como no aparecía nada con claridad, dejé entrar la idea de que quizá debía empezar a envejecer. Así que cerré filas en torno a lo que me rodeaba y a lo que me bullía por dentro. Habrá poco movimiento, más o menos lo mismo de ahora… ¡Me conozco tan bien!
La única cosa que mantuve encendida como una luz de seguridad, fue la
irreductible curiosidad que me ha movido siempre, no porque me pensara mover en
la noche, nononó, sino porque está tan profundamente arraigada que no se deja
tocar.
Y mira tú por dónde, la curiosidad me ha conducido hoy a la puerta de una
experiencia transcendental en mi vida de este momento.
Se trataba de recibir el nuevo año de la manera más limpia y poderosa
posible. Liberarnos de lo viejo, soltarlo; tomar fuerza y energía para iniciar
el nuevo periodo con aire renovado.
Harmony, profesora de yoga y Jorge, profesor de técnicas de respiración, ambos buenos amigos míos, me invitaban a una sesión con trabajo de introspección y respiración incluidos.
Hasta aquí una formulación bastante habitual, teniendo en cuenta que llevo desde los 33 años en un camino de conocimiento y crecimiento personal atravesado por una espiritualidad sin credos ni dogmas. Y como en ese camino me he adentrado en muy diversas experiencias y sé más o menos cómo funcionan para mí, entré sumamente confiada.
Primero, Harmony nos propone unos ejercicios de activación del fuego
interior a través de la respiración. Siento plenitud y también mi poder
interior más presente.
Después unas preguntas para responder desde dentro. Siendo honesta, veo que
tengo bastante despejado el panorama, aunque aparece algo recurrente en los
últimos tiempos. “Hay cosas que pienso que quiero hacer pero no hago”.
La imagen es la de una niña frente a una cancela de hierro cerrada; ella
quisiera salir al enorme campo de posibilidades que puede ver desde ahí, pero
no sale porque no se ha dado cuenta de que la cadena que aparentemente la
cierra, está simplemente colocada encima y el candado está abierto. Así que
sólo tendría que quitar la cadena fácilmente para poder salir.
Jorge nos propone hacer un ejercicio de respiración peculiar. Me traslado
treinta y siete años atrás, recordando que en Arco Iris hacíamos ese ejercicio
y normalmente me provocaba “tetania”, una sensación de agarrotamiento en manos,
pies y piernas muy desagradable.
Decido llevar las riendas de mi experiencia para que nada interfiera en lo
que tenga que vivir.
Empezamos a respirar de esa determinada manera y la música empieza a sonar.
Estoy tumbada y sigo las palabras de Jorge en medio de la música.
La percepción se abre, las emociones afloran, primero en llanto triste que se transforma en risa, grito, expresión primal. Los límites se ensanchan, la conciencia lo ocupa todo, hay una sensación de elevación; ya no hay cuerpo, ni habitación, ni casa; solo espacio infinito de luz y yo vuelo, atravieso cielos y más cielos, mientras lo demás, lo material, queda abajo.
De pronto me doy cuenta de que eso es lo que llamamos “muerte”. Es una
comprensión profunda. He atravesado la barrera del miedo. La puerta se abre de
par en par y de pronto sé con certeza que no tengo edad, que tal cosa no
existe, que nada ni nadie, ninguna convención social ni repetición ancestral,
podrá convencerme de que abandone cualquier posibilidad por loca que parezca,
de realización personal, de expresión creativa, de manifestar mi Ser.
Y danza mi cuerpo en el gozo del descubrimiento. Alegría inmensa de expansión y felicidad.
La música cambia y me quiero recoger en esa posición original y hermosa del nacimiento.
Poco a poco vuelvo a sentir mi cuerpo, lo acaricio con ternura reconociendo
cada pliegue como mío.
Estoy volviendo a nacer como un Ser liberado de cualquier atadura, infinito
y eterno, que ahora quiere estar aquí para expresar su verdad.
Gracias, Jorge y Harmony por haber puesto en marcha esta iniciativa con
tanto cuidado y amor, gracias compañeras de grupo por haberos permitido esta
práctica compartida, gracias Universo por darme en cada momento lo que
necesito, gracias Carmela por no perder tu curiosidad.
Sirvan estas letras para desear a quien las lea, un feliz nacimiento a esta
nueva oportunidad de vida, que se llama 2022 y que tampoco tiene edad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario