Está ahí, delante de mí. Incredulidad creo que es mi
sensación dominante.
Mezclado con ella, un cóctel de emociones que me resultan
familiares, como cuando esperas algo o a alguien largo tiempo y al final ahí
está. Alegría, pero también perplejidad y algo que sobrepasa lo racional y que
trae de golpe todo aquello en lo que no había pensado mientras esperaba,
vencido ya el tiempo de la idealización. Ahora es una realidad que debo asumir
como mía y que me convoca a responsabilizarme de ella.
¡Es muy grande! Fue lo primero que pensé cuando Cristina, mi
comercial favorita, me la presentó. Aunque había visto otras iguales en varias
ocasiones, su tamaño ahora me imponía un respeto que en la imaginación no
aparecía.
Más tarde las preguntas ¿Podré yo hacerme con este bicho? ¿Y
cómo funciona todo esto?
Un señor del taller de M3 Caravaning, empresa a la que
acababa de comprar aquella preciosidad, paciente y muy profesional, me fue
narrando los usos y maneras de la que iba a ser mi casa rodante. Demasiada
información en tan poco tiempo es difícil de digerir. Pero tuve ayuda, mi
hermana Bego me acompañaba y se dedicó, también muy profesional ella, a grabar
en video las explicaciones del experto.
Total, que, tras una prueba de conducción por el parking de
la empresa, salí de allí rumbo a Vilanova i la Geltru, donde vive mi hermana.
Primer destino de esta aventura que como todas, esconde sorpresas maravillosas
y otras no tanto, pero que merece ser vivida ¿Por qué no?
Después de una noche en casa de Bego vino a buscarme Miren,
una amiga que se ofreció a ser mi ángel de la guarda en esos primeros momentos,
con otro amigo suyo, Tony, encantador, y me escoltaron hasta la casa de él y su
mujer en San Feliu de Llobregat, donde nos acogieron con mucho cariño.
Al día siguiente Miren y yo iniciamos ruta hacia Candeleda.
Ella se quedaría unos días y yo, con la ayuda de Iñaki, amigo sin el cual me
habría sido imposible descifrar semejante galimatías, me dispondría a
diseccionar todos los entresijos de la Tessoro.
Hay algo que me conmueve profundamente en todo este proceso
y que cada vez es más habitual en mi vida, o quizá yo soy más consciente de que
ocurre, gracias a que mi maestra Mary Llamazares lo repetía constantemente: “La
Vida siempre nos da lo que necesitamos en cada momento, aunque a veces no lo
comprendamos”.
Lo he constatado en innumerables situaciones: Siempre tengo
la ayuda que necesito en cada momento. Ante cualquier dificultad, aparecen los
perfectos ayudantes para cada cuestión, incluso antes de que los haya pedido.
¡Cómo nos cuida la Vida! Solo puedo decir ¡GRACIAS!
Gracias a todos mis ayudantes que hacéis posible este
milagro. Y gracias a la Vida que me cuida con una delicadeza infinita!
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