Un deseo largamente nutrido, cuidado, imaginado, incluso
temido ¡Una auto-caravana!
En todas las épocas de mi vida he fantaseado con el hecho de
tener una, aunque para diferentes
utilidades; la más loca de ellas fue
planear con mi amigo Alfredo un viaje por el mundo transportando “El
Guernica” de Picasso para acabar con las guerras.
El tiempo pasó y aquel deseo antiguo empezó a tomar
posiciones en mi mente; bien situado, aunque discretamente oculto, tuvo su
oportunidad cuando pensé que tenía que vender mi casa
Fue entonces cuando, como un inesperado relámpago, aquel
deseo antiguo saltó a la primera línea y su luz abrió una posibilidad real y
atractiva para mí: comprarme una auto-caravana y dedicarme a viajar durante un
tiempo.
“¡Uf!”, pensó el deseo aliviado, “si me descuido me quedo en
el baúl de los incumplidos, ya tenemos una edad y es ahora o nunca”.
De pronto la incertidumbre del momento que estaba viviendo,
se esfumó para dar paso a un proyecto ilusionante, posible y seductor.
Sin embargo, aún no era su tiempo; antes debían ocurrir
algunos acontecimientos que el destino tenía preparados y que retardaron
algunos años más la materialización del antiguo deseo.
Paso a paso, he ido avanzando entre rostros incrédulos,
asustados, admirados, indiferentes y despectivos. Cada vez que alguien me decía
algo como:”¡Qué valiente eres!” Venían a mi mente toda clase de peligros y
desgracias posibles si finalmente me atrevía y acababa montada en uno de esos
camiones-casa.
Hoy, cuando me he despertado en Cabo de Gata y he mirado por
la ventanita de la Tessoro, así se llama, he podido ver con asombro el mismo
paisaje que vino a mi imaginación en aquel chispazo inesperado hace 4 años.
Entonces he comprendido que aquel antiguo deseo había ganado
su lugar en mi vida y que, tras una larga metamorfosis, se había convertido en
una realidad.
Este viaje significa el cierre de un ciclo y el inicio de una
nueva etapa. Pero además, intuyo que me va a proporcionar jugosos aprendizajes
y un conocimiento privilegiado de Carmela fuera de su cómodo entorno habitual. Por
eso el viaje interior y el exterior se irán entrelazando inevitablemente.
Me gustaría compartirlo con todas las personas que me
quieran acompañar.
¡Nos vamos!
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