Un cosquilleo interno me recorre, mi atención se activa, el sueño se hace ligero...Como si algo que no se ve, estuviera ocurriendo tras una apariencia engañosa.
Y es que la Primavera es juguetona, un poco loca, inestable y caprichosa. Y a la vez ¡trae tanta vida!
Hoy han querido descansar las mil aguas de abril y nada más despertar un pensamiento se ha hecho fuerte en mi mente: "Me voy al monte".
Desde la ermita de Chilla sale un camino que quiere llegar al Almanzor ¡Alta pretensión entre rocas y regatos! Más humilde mi intención, sólo disfrutar del camino hasta que decidiera volver.
Y allí estaba ella. Primavera desplegada en toda su belleza.
Las lluvias habían dibujado interesantes surcos en la tierra, dejando al descubierto infinidad de piedras de cuarzo de los colores que las visten, rosa, blanco, mezcla de ambos, amarillo desvaído con vetas marrones, traslúcidas como alabastro.
En las praderas de un verde fresco, las pequeñas violetas sacaban sus pétalos al sol, sonrientes y felices. Los helechos recién nacidos desplegaban tímidos su espiral con la promesa de convertirse en preciosos ejemplares llenos de esporas. Y esas diminutas florecillas amarillas parecían preguntarse si ya sería el momento de salir, porque los robles todavía no se habían terminado de vestir.
En las praderas de un verde fresco, las pequeñas violetas sacaban sus pétalos al sol, sonrientes y felices. Los helechos recién nacidos desplegaban tímidos su espiral con la promesa de convertirse en preciosos ejemplares llenos de esporas. Y esas diminutas florecillas amarillas parecían preguntarse si ya sería el momento de salir, porque los robles todavía no se habían terminado de vestir.
Desde arriba, un cielo entreverado de nubes blancas pintaba el valle a trazos de sol y sombra. El río y el pantano pletóricos de agua, brillaban orgullosos a rebosar. El aire límpido, se dejaba templar por la ternura del sol.
Y yo, sobrecogida por la grandeza que me acunaba, daba agradecida la bienvenida a mi querida Primavera que por fin se había dejado ver.
Y yo, sobrecogida por la grandeza que me acunaba, daba agradecida la bienvenida a mi querida Primavera que por fin se había dejado ver.
Al volver, en el bosque, el regalo de los espárragos de pasión, que anuncian una rica tortilla en la cena.
Sí, definitivamente ella está aquí y se queda.
¡Bienvenida, Primavera juguetona!
¡Qué guapo!
ResponderEliminarGracias!
Eliminar