lunes, 5 de marzo de 2018

LA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES

Se acerca el 8M. El día de la mujer. Que antes fue de la mujer trabajadora. Hay pocas que no lo sean. Para celebrarlo hay convocada una huelga de trabajo, consumo y cuidados. 
Uno de los mensajes que circulan estos días previos es: "Si nosotras paramos, se para el mundo". Creo que es cierto. La mayoría de las mujeres trabajamos todo el día, dentro y fuera del hogar. Tomamos decisiones que afectan a otras personas, gestionamos recursos con eficacia, conocemos las necesidades de los demás e intentamos satisfacerlas, cuidamos a nuestra familia, nos ocupamos de los que más lo necesitan, niños, mayores y personas dependientes...
La pregunta que me surge es: ¿Por qué lo hacemos? Parece que somos un colectivo con un tipo de energía particular que nos predispone a comportarnos y responder ante las situaciones de una determinada manera. 
Se dice que"lo femenino" y "lo masculino" son dos formas de energía que todo ser humano posee como partícipe de la dualidad y relacionadas con ambos hemisferios cerebrales. En eso somos iguales. Iguales como seres humanos. 
Podemos convenir que quizá las mujeres en general tenemos una tendencia más marcada a manifestar "lo femenino"en nuestra forma de actuar, sentir y pensar. 
Muy bien, pero ese hecho no puede justificar la discriminación que muchas mujeres sufren por su condición de género y que viene de siglos de dominación patriarcal. 
Es por ello que, en un momento de la historia, algunas mujeres reunieron el valor suficiente para rebelarse y exigir la igualdad de trato y condición respecto del hombre. Muchas perdieron la vida en esa lucha, otras siguieron adelante, todas ellas fueron transmitiendo un legado que ha llegado hasta nosotras, mujeres de hoy. 
¿Cual es nuestra aportación a esa larga y costosa lucha por la igualdad? Seguir exigiendo que se haga efectiva en la realidad material, personal, familiar y social, por supuesto. 
Y también tener la certeza de que este es el momento, este es el lugar y estas somos nosotras, las mujeres que ya podemos mirar a los ojos de los hombres con serenidad, sintiendo que somos iguales y complementarias. Las que nos atrevemos a tomar de la mano a nuestros compañeros y caminar a la par. Las que educamos a hijas e hijos como iguales. Las que miramos de frente a los poderosos y les mostramos nuestro poder. Un poder que les sobrepasa y ante el que no tienen armas porque les es desconocido y extraño. 
Y es que el poder de las mujeres, señores, es el poder del amor. Un poder que no excluye, ni domina, ni destruye, ni somete, ni mata. Nuestro poder acoge, cuida, respeta, escucha, incluye, ayuda, crea vida y la sostiene. Cómo hubiéramos llegado hasta aquí de otra manera!
Por eso, señores del poder establecido, para que el mundo no se pare, apártense y dejen paso a la nueva forma de organizarnos, para que la colaboración sustituya a la competencia, para que cada ser goce de su vida, para que trabajemos y caminemos juntos, para que la ayuda mutua sea nuestra bandera, para que alumbremos el mundo que nos merecemos. 
No estamos solas. Hay ya muchos hombres dispuestos a compartir, a crecer con nosotras, a descubrir los misterios que guardan nuestros corazones. Bienvenidos a esta revolución que hoy es de las mujeres.


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