lunes, 12 de marzo de 2018

EL ÉXITO DE LAS MUJERES

Ocurrió. 
Plazas, calles, comercios, oficinas, empresas, instituciones, medios de comunicación, hogares...miles y miles de mujeres gritaron con su acción, su no acción, su silencio y su voz ¡Basta! 

Hemos llegado hasta aquí haciendo una labor callada, hablando, colaborando, educando, esperando justicia e igualdad real, ser escuchadas, respetadas, valoradas y tenidas en cuenta; pero todo tiene un límite. Puede ser que ese límite haya sido el último 8M. Las mujeres hemos salido a la calle para visibilizar nuestra fuerza y el clamor se ha expresado con claridad. 

Siendo muy importante este hecho, me parece aún más relevante el que todas y cada una de las miles de mujeres que salimos a la calle, hemos comprendido en profundidad que éste es nuestro momento, que somos multitud, que sin nosotras se para el mundo, que nuestra aportación al colectivo es fundamental, que tenemos la responsabilidad de ocupar nuestro espacio y expresar nuestra verdad. 

Y es que poseemos un gran poder en nuestro interior; un poder más grande y más universal que cualquier otro poder en la tierra. Es el poder del amor que se transmite de ser a ser, que se manifiesta en el cuidado de personas, de la Naturaleza, de todo cuanto nos rodea. Es el poder de pensar en las necesidades del otro y gestionar la ayuda adecuada. Es la capacidad de resolver problemas, de transformar conflictos, de buscar nuevos caminos, de encontrar soluciones creativas. 

Siempre lo hemos hecho, creando vida, sosteniendo comunidades, cuidando nuestro pequeño mundo, nuestra familia, realizando nuestro trabajo...Pero quizá nos faltaba seguridad, valoración, autoestima, dado que nuestra actuación se da en un contexto patriarcal hostil que siempre ha sentido miedo ante este poder femenino. 

Ahora, lo sabemos, hemos despertado. Somos poderosas, dignas y hermosas en nuestra esencia. 
No volveremos a tener miedo ante ningún bravucón que esconda su debilidad. No nos callaremos ante la falta de cumplimiento de las leyes. Sabremos que cuando educamos en igualdad a nuestros hijos e hijas estamos construyendo un mundo más justo, más humano, más pacífico.

Acudí a la manifestación de Madrid con mi hija y mi nieta. Me emocionó lo que vivimos. Mujeres como nosotras, diversas, todas unidas, lejos de siglas, banderas, partidos y luchas ideológicas que separan a las personas, nos hemos reconocido en lo que tenemos en común. 
Y eso me llena de alegría y de esperanza porque es lo que deseo intensamente desde hace mucho tiempo. Es lo que el mundo necesita hoy.








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