Poco a poco
me voy
retirando
de todas las
batallas.
Las guerras
parecen justas
para quien
las hace,
pero no lo
son.
Porque he
visto en mí
la guerra,
porque he
luchado
por muchas
causas,
porque he
bebido
la intensidad
amarga
de quien cree
tener la
razón,
sé que no hay
guerra justa.
Y que todas
son la misma guerra.
El abismo
entre el yo y el ser,
entre hombres
y mujeres,
entre ricos y
pobres,
entre dioses
y banderas…
Es el campo
minado donde la cordura
camina
descalza.
En la sórdida
trinchera
un instante,
una chispa de
lucidez
basta para
ver
el sinsentido
supremo
de tanto
esfuerzo
por separar
lo que es Uno.
Quizá,
retirarse de
la batalla
sea el único
acto posible
para
recuperar la humanidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario