No hay noticia ahora mismo que se pueda comparar, ni
hacer sombra a las que se refieren al “Corona Virus”. Un simple virus, eso
sí, muy regio, está poniendo en jaque a todo este planeta.
Pero no es un virus cualquiera. Trae un mensaje importante
que debemos escuchar ¿Qué nos quiere decir? Para escucharlo mejor, me he dado
permiso para apartarme del ruido y subirme a la azotea.
Desde aquí se contempla con más perspectiva el panorama. Lo primero que
escucho es la risita traviesa de un ser pequeño, el desecho de células intoxicadas, ante la asombrosa incidencia de su poderío. Los humanos nos
creemos tan importantes! Y mira.
Resulta que todos los seres visibles e invisibles que
habitamos este planeta y el universo estamos inter-conectados, de tal manera que
cualquier pequeño movimiento en un nudo de esta red, afecta a todo el conjunto.
Esta es una experiencia que necesitábamos vivir una vez más para integrarla y
hacerla nuestra.
Desde ahí, los
discursos basados en el miedo al otro, ya sea emigrante, refugiado, mujer,
negro, beduina o tran-sexual, por decir algo, se caen por su propio peso.
Este pequeño mensajero está igualando a ricos y pobres, a
hombres y mujeres, a personas de cualquier ideología, raza o religión. Un
anhelo antiguo de esta humanidad ¿Quien pudo hacerlo antes? Nadie.
Esta situación nos obliga a parar, a pensar, a darnos
cuenta de que para vivir no necesitamos casi nada de lo que consumimos
habitualmente.
Quedarnos en casa implica estar en familia, buscar
entretenimiento gratis, agudizar el ingenio y la creatividad, pensar en los
demás y cuidarnos mutuamente. Y también de pronto se hace el silencio. La
soledad de cada cual tan necesaria para mirar hacia dentro, tan fructífera si conseguimos soportarla...Para qué tanto hablar! Hay
momentos como éste en que sobran las palabras.
Rápidamente surgen iniciativas solidarias y sentimos
nuestro poder, independientes y soberanos en nuestras decisiones. Entusiasma
ver despertar el sentido comunitario, lo mejor que hay en cada ser para
regalarlo a los demás. Y disfrutar juntos de esta experiencia tan humana.
Inevitablemente nace la empatía con aquellos que están
sufriendo penalidades por las causas más diversas y que, por sentirnos
impotentes, quizá no nos atrevemos ni a mirar. Pues desde aquí veo que la
impotencia se convierte en determinación porque si somos capaces de montar un
jolgorio entre balcones, cómo no vamos a ser capaces de romper los muros de la
hipocresía y el miedo. De gritar alto y claro que no vamos a seguir permitiendo
que mueran seres humanos en el mar, ni que ya jamás persona alguna soportará la
humillación de vivir en un campo de refugiados.
Un campo de refugiados parecen nuestras ciudades
confinados sus habitantes en habitáculos cerrados. Y ahora ¿qué? No podemos
dejar de sentir una ínfima parte de lo que pueden sentir ellos; con sus seres
queridos muertos o perdidos, con sus hijos y mayores en peligro.
Ni una guerra más, ni más miseria debemos permitir en
esta nuestra red. Aunque solo sea por pura supervivencia personal y colectiva.
¿Y qué me decís del planeta que tan preocupados nos
tenía? No hay problema en la Naturaleza, cuyas leyes son inexorables y de una
justicia perfecta. Cuando sobrepasamos los límites una y otra vez, viene un pequeño virus y nos obliga a dejar coches, fábricas y contaminantes aparcados.
Es una excelente maestra la Vida. No pierde el tiempo con
sermones inútiles. Simplemente te lleva al lugar desde donde puedes ver tus
errores y rectificar. Con esa contundencia y ese amor infinito por el alumnado
díscolo que no se está enterando.
Y a propósito de la economía, desde esta azotea parece
que la crisis del corona virus provocará un cambio drástico en el sistema
económico mundial. Un sistema basado en la producción y el consumo
desenfrenados.
Es un segundo aviso en poco tiempo; el primero fue la
crisis económica de la banca por sus malas prácticas. Ahora estamos implicados
todos. Por eso ya no podemos esperar que los políticos nos den las soluciones.
¿Habremos comprendido que no hay nadie más que todos
nosotros aquí? ¿Que es nuestra responsabilidad, como partes implicadas en esta
red, el que todo salga bien? ¿Que nuestra aportación al conjunto es
imprescindible? ¿Que cada pensamiento, cada palabra y cada acción debe ser
consciente porque nos va la vida en ello?
Necesitamos un nuevo sistema económico en el cual fluya la abundancia sin una
dependencia tan grande del consumo. Y a la vez necesitamos tomar parte en la
solución de los grandes problemas que afectan a nuestra humanidad: El hambre,
cuando se tiran toneladas de alimentos por los altibajos del mercado. Las
guerras, mantenidas para que no decaiga el negocio de armamento. La pobreza,
que no es más que una consecuencia del mal reparto de los bienes necesarios
para una vida digna.
Nunca como hoy hemos
tenido tantos medios para comunicarnos entre la ciudadanía. Aprovechemos esta
red global para volcar y difundir las soluciones más creativas a los problemas
comunes.
Ahora que tienes que
quedarte en casa, quizá se te ocurran ideas que podrían beneficiar a alguien.
Por favor, lánzalas al ciberespacio o al edificio donde vives. Es muy
importante porque no estás solo en este planeta. Recuerda…estamos en red.
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