Si algún día me dijeran que vas a morir mañana, me quedaría a tu lado todo el tiempo, como tú lo hacías cuando yo estaba enferma; te acariciaría la cabeza y por debajo del hocico y también en la barriga, como a ti te gusta.
Te pondría música de Chopin, incienso y una vela blanca, sin saber si sirve para algo; bailaría para ti mientras me miras con los ojos negros y profundos del alma grande que se asoma en ellos, como si supieras...
Tú te quedarías tranquila mientras escribo a tu lado. Yo procuraría no llorar demasiado para no ponerte triste.
Tu quietud, tu silencio, tu serenidad, tu presencia, me enseñan a aceptar lo que es. La vida y la muerte de la mano. Así debe ser. Y yo, como tú, intento vivir estos momentos como algo natural. No hay por qué alterarse. Solo estar.
Cany querida, maestra hasta el final. Gracias por tu amor incondicional, tu generosa compañía y tu sabia inteligencia. ¡En ti parece tan sencillo! Vivir, morir...En cada momento lo que toca. Ser aquí y ahora.
Y cuando ya durmieras, abriría con mi mente un espacio de Luz para que te acogiera enseguida y pudieras entregar al Universo todo lo que has vivido aquí: La belleza de los paisajes de Gredos; la libertad de andar por los caminos, explorando olores, sabores y texturas; el gusto de beber el agua clara de los arroyos, la delicia de compartir el paseo, siempre vigilante "a ver si vienen todos", como buena pastora; el privilegio de recibir cariño sin estar atada; el aprender a leer la mente humana y adelantarte a ella aún sin comprender nada; el amor compartido, los momentos en familia; el disfrute del descanso, de la calidez de tu cama y de una buena comida; el haber cumplido con tu especie transmitiendo la vida; el servicio de acompañar tantas veces a los excursionistas que subían por el camino de casa, a modo de guía de montaña; la valentía de defender a Linda frente a su depredador; la inigualable sensación de recibir las caricias y los abrazos de los niños y las niñas que por nuestra vida han pasado; la ternura de Elea cuando se sentaba en el suelo a tu lado.
¡Tantas experiencias conforman tu larga e intensa vida!
Queda para mí el privilegio de haberte tenido cerca, de haber vislumbrado lo grande que eres, de haber gozado de tu compañía y de tu bondad hasta el final. Quince largos años.
Viniste a mi vida cuando iniciaba una etapa y te vas cuando termina ¡Qué magia invisible teje los hilos de la Vida!
¡Gracias, amiga! Que tengas un hermoso viaje. Cuando en las noches de verano mire al cielo, te imaginaré acurrucada en el hueco de la luna incipìente.
Tu cuerpo se queda en el bosquecillo de robles, pero el aroma de tu ser, seguirá vivo en nuestros corazones.
¡Hasta siempre, mi fiel compañera!
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